¬ABDOU (24/07/2007)

(Artículo publicado en El Comercio el día 24 de julio de 2007)

DOCE años, senegalés, persona hecha, derecha, poco que ver con la noticia reducida a número de llegada de pateras o cadáveres flotando en el océano. Abdou protagoniza una historia que suena a cuento de hadas, aunque, en realidad, es un drama con final incierto. Viaja días y días en cayuco con un montón de gente, inmigrantes, dicen, pisa tierra asustado, ignora su destino y, tras complejas gestiones, llega a Asturias, quiere trabajar -necesitan dinero en casa-, pero toca estudiar. Supongan que su particular curso se inicia en febrero aunque acaba, como para los demás, en junio; imaginen que aprueba todo salvo una materia no cursada en su escolaridad anterior y aún tiene tiempo para estudiar español, jugar al fútbol o ayudar en las tareas de su nuevo hogar.

Abdou compartió su experiencia con niños en un campamento a quienes contó parte de su vida. Habló poco, le sorprendía que su historia tuviera algún interés para sus modelos, pero dijo mucho desde el silencio, la sonrisa prudente y la mirada expresiva. Su simple presencia fue más que un tratado multicultural o un curso de educación en valores y menos de lo deseable. Cuando la piel contacta, la mirada se cruza y las sonrisas coinciden, el corazón se activa con facilidad y se vuelve exigente con el cerebro; la economía deja espacio a la sensibilidad en unos chicos hechos al tópico discurso adulto.

Supimos de una familia que ignoraba la decisión, de su nostalgia y valor, del sentido comunitario, del interés por el futuro de los suyos, de su sorpresa por las actitudes y comportamientos de nuestros niños. Poco sabe de conceptos como violencia de género, igualdad de oportunidades, derechos, pero no entiende el trato a la mujer, el desperdicio de posibilidades o el despilfarro. Su presencia supuso a niños, poco acostumbrados a escuchar y reflexionar, una experiencia única, vieron el rostro humano del inmigrante, una persona con sentimientos, aspiraciones, ganas de aprender, una esponja que absorbe, pero también refresca a base de salpicar prudencia, cortesía y educación. Abdou logró, sin proponérselo, romper esquemas sobre falsas caridades, ayudó a unos niños a ser un poco más personas que sobrevuelan fronteras, a comprobar que el juego es universal y a descubrir que también el norte puede estar en el sur. El lenguaje no es problema cuando se mira a los ojos.

Los niños también piensan la historia desde su superior centralidad, todo apunta hacia nosotros hasta que descubres que África, el continente olvidado, está cargado de valores y sus habitantes no son salvajes, sino personas con algo que aportar a una sociedad que, creyendo dar, en realidad, recibe, pese a que el ensimismamiento umbilical dificulte tal percepción.
  ¬ El patio de los derechos
20/11/2007

¬ Asturias PIA 2007
23/10/2007

¬ Reunión POIPA y el Patio de los Derechos
22/10/2007

¬ ABDOU
24/07/2007