Fiestas de El Carmen en Barcia y estreno del nuevo campo de fiestas

Macario Fernández animando la fiesta el dia del bollo

A finales del pasado mes de julio se celebraban en Barcia las fiestas patronales de El Carmen. Unas fiestas, como siempre en todos los pueblos, cargadas de trabajo y responsabilidad para un escaso número de personas, que se pueden contar con los dedos de una mano, y que forman la comisión de fiestas, que será la encargada de recaudar dinero por todos lo medios posibles para hacer frente a unos presupuestos que rondan en esta localidad los veinte mil Euros entre pitos y flautas. Es cierto que la mayor parte del presupuesto se va para las orquestas, pero es también verdad que el listón está alto y Barcia no podía quedar por abajo.

Por ese motivo contrató este año a nada menos que seis orquestas, dos por día, durante los tres que duró la fiesta. Sin desmerecer a las demás, Dios nos libre, la orquesta que más llamó la atención y con creces fue “Casting”, un grupo musical de Asturias muy distinto a lo que se ve habitualmente por estas tierras. Unos efectos especiales fascinantes, un sonido estupendo, unos técnicos que sabían lo que estaban haciendo y unas actuaciones dignas de la mejor sala de fiestas. Grupos como éste se ven pocos y merece la pena verlos cuando se tiene la ocasión como se tuvo en Barcia.
Este año hubo una novedad en el campo de la fiesta, pues el llamado “Pradón”, inaugurado el pasado mes de mayo, asfaltado y con un buen césped alrededor, marcó la diferencia con respecto a años anteriores, cuando la fiesta se celebraba sobre la tierra polvorienta o el barro en caso de lluvia. Eso pasó a la historia. Macario Fernández, el actual presidente de la comisión de fiestas se mostraba satisfecho con las nuevas condiciones del campo.


El botellón: una nueva manera insolidaria y guarra de participar en una fiesta

El botellón no deja de ser una guarrería

Lo que también va en aumento, pero nada agradable, es el famoso botellón, una manera muy poco elegante de participar en una fiesta y además muy insolidaria. Y decimos insolidaria porque el bar oficial que pone la comisión de fiestas es única y exclusivamente para recaudar dinero, o sea, ganancias obtenidas con la venta de bebidas, para pagar los gastos de la fiesta que, como decíamos antes, ronda los veinte mil Euros. Hay que recordar que la entrada a estas fiestas, el escuchar música en directo, aquí en las fiestas populares, es gratuito y por tanto las comisiones de fiestas se tienen que arreglar con el bar, donde colaboran todos los asistentes, pagando la orquesta indirectamente al tomar dos cervezas o un cuba libre.

Los únicos que no colaboran son los del botellón, los que se traen la bebida de casa para que les salga más barata y al mismo tiempo poder beber sin medida ni control. Los del botellón deberían dejar de
practicarlo al menos en las fiestas patronales solamente parándose a pensar en lo que ocurriría si todos los asistentes a la fiesta trajeran de sus casas metiditas en una cesta las cervezas, los vinos, e incluso los termos con café. Es un acto, diciendo la verdad, de cara dura en extremo, de egoismo y de una insolidaridad extrema. Aparte ya del aspecto estético, porque si lo vemos desde ese punto vista, el botellón es una guarrería: no hay más que ver cómo quedan los suelos de las calles o plazas donde se practica semejante marranada.

Por otro lado, en las fiestas populares es habitual, cada año peor, que cada tres pasos que das te tropieces con una bolsa llena de botellas de toda índole o una pila de cajas de sidra… Sí, decimos bien, una pila, porque es ya normal encontrarte con que cinco mocosos de 16 ó 17 años se han traído tres cajas de sidra, en teoría para bebérselas en una sola noche. En este caso ya sobran hasta los


El botellón es el padre de las gamberradas nocturnas

Estado en el que quedó la pared de casi ochenta metros tras la gamberrada

Y no es de extrañar, que estando toda la noche bebiendo como borrachuzos, algunos acaben haciendo las gamberradas más insólitas, como es el caso de un grupo de chavales, que tras la práctica del botellón no tuvieron mejor diversión que entretenerse en la labor de ir derribando poco a poco los bloques de una pared de unos ochenta metros de larga muy cerca del campo de la fiesta de Barcia. No sabemos si al final el dueño practicaría una denuncia de los hechos, que creemos que no, pero de hacerlo y de descubrir a los culpables, creo que un buen castigo, el más pedagógico de todos, podría ser el condenarlos a poner un mono, amasar cemento y pasarse un par de sábados al sol levantando de nuevo la pared y devolviéndola a su estado inicial. Medidas como ésta son las que pueden ayudar a estos muchachos a no campar a sus anchas u a saber el esfuerzo que cuesta hacer las cosas. Pero, ojo, eso siempre y cuando los padres de estos muchachos no objeten nada en contra, porque muchos padres de hoy piensan que si se “reprime” a sus hijos podrían quedar traumatizados para toda la vida y que lo mejor es que campen a sus anchas para crezcan sanos y felices. De todo hay en esta viña del Señor. Que ahora se tiende mucho, tras cuarenta años de dictadura , a confundir la libertad con el libertinaje y la autoridad con la dictadura. Y son cosas muy distintas.