El museo de Grandas y las ruinas del Chao Samartín, dos lugares de obligada visita para los viajeros que nos visitan este verano

En el Museo de Grandas funciona todo

El Museo de Grandas debe su existencia y su supervivencia a José Navieras, más conocido popularmente como Pepe Ferreiro. Nadie que conozca Grandas y su museo pude imaginarse el museo sin el Ferreiro. Es como si fuera él mismo otra pieza del museo, una pieza fundamental, porque Pepe no es un simple director de museo funcionario, que haya optado al cargo por una oposición y cumpla un horario de trabajo por el que cobra una nómina. Eso ya, de por sí, si solamente de eso se tratase, sería digno y respetable, por supuesto. Pero Pepe Ferreiro es más que eso. Pepe Fereiro no tiene horarios para trabajar en el museo. Este hombre vive verdaderamente en el museo y para el museo, desde el mismo momento de su fundación y desde mucho antes, cuando recorría los caseríos y los pueblos buscando piezas para exponerla en unos locales que todavía ni siquiera existían. Algunos dicen, sin falta de razón, que es una pieza del museo, pero no una pieza cualquiera, sino una pieza fundamental. Por eso, en un primer momento, en el año 1983, el Ayuntamiento de Grandas, según Pepe Ferreiro, no de muy buena gana, le cedió un local de 32 metros cuadrados para exponer las primeras piezas, que serían las precursoras del actual museo Etnográfico de Grandas de Salime, sin duda el mejor de toda Asturias en este ramo.

Ha habido muchas ampliaciones y muchas novedades desde aquellos primeros años y aunque el visitante quedará maravillado después de la visita al mismo, Pepe echa de menos todavía algunos espacios que necesitaría para almacenar utensilios que tiene a la intemperie, pero aunque en los primeros años las obras fueron abundantes, Pepe se queja de que desde hace siete años no se ha vuelto a hacer una obra. Lo último que se amplió fue la parte que ahora alberga el botiquín y la barbería.

En el Museo de Grandas, que algunos dicen incluso el museo de Pepe Ferreiro, funciona todo, entrar allí es como realizar un viaje al pasado. El Llagar y la prensa son reales y operativos, producen mosto que es fermentado en la bodega. Los molinos muelen el maíz delante de los visitantes, el botiquín podría usarse sin más y las navajas de la barbería sólo necesitan la mano de un experto para dejar afeitado al más barbudo.

Y ahora, a mediados de agosto se llevará a cabo la trilla del trigo en la era, como se hacía hace cincuenta años. Se trata por tanto de un museo vivo. Nada de museo virtual ni simbólico. Aquí todo es de verdad y todo es real. Cuando el visitante entra en la tienda museo, le parece que puede comprar cualquiera de las cosas expuestas en las estanterías o pedir un vaso de vino en la barra la tienda bar, cosas todas ellas factibles, pues todo está en activo y nada ha muerto, la historia sólo se ha parado para que penetremos en ella y disfrutemos del pasado desde el presente. Pepe Ferreiro no se imagina el museo de otra manera. El índice de visitas lo dice todo. Se han recibido un total de 23.000 visitas el año pasado.


El Castro de Chao Samartín

Bajo las telas protectoras de las excavaciones se extienden los testimonios de una sociedad que alcanzó hace casi dos milaños un grado de refinamiento urbano como hasta el momento no ha podido documentarse en otros poblados vecinos.


Ruinas del Chao

El museo etnográfico y las ruinas del Chao de Samartín son el principal atractivo y reclamo turístico de Grandas. Y no hay que olvidar, que algunos lo olvidan, que Pepe tuvo un importante papel en la apertura y descubrimiento de los tesoros arqueológicos escondidos bajo la tierra de Chao. Pues fue precisamente él quien habló en los años setenta con el propietario de la finca bajo la cual se encontraban las ruinas, concretamente Manuel Barcia Monteserín y lo convenció para que dejara excavar en sus terrenos privados, pues Pepe había notado, junto con el dueño de la tierra, que al pasar la reja del arado salían fragmentos de pizarra y rascaba en las piedras de la muralla. Hubo otro hombre en el grupo, José Manuel Villamea, que ayudó junto a ellos dos a llevar a cabo las exploraciones y dar a conocer este lugar. Corria por entonces el año 1977 y entre los tres descubrían que las paredes de las casas se encontraban ya a 10 cm. de profundidad. Fueron entonces a Oviedo para hablar con el responsable de arqueología, el cual res recibió y les prometió que se ocuparían del lugar cuando se pudiera , pues no había equipos ni medios disponibles para tal empeño. Y la verdad es que se lo tamaron con calma en Oviedo, porque las primeras excavaciones, nos cuenta Pepe Ferreiro, empezarían en el año 1990 . Se ha logrado mucho hasta ahora y el emplazamiento es digno de ser visitado, pero todavía en el año 2008 queda mucho por hacer en el lugar pese a que en los últimos años se ha experimentado un gran avance, que ha culminado con la construcción y la reciente apertura de un museo.