Venancio García en Taramundi: Una vida dedicada a los cuchillos
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![]() Manuel García, con un hermoso machete |
Si hablar de Taramundi es hablar de cuchillos, también es cierto que no se puede hablar de cuchillos sin mencionar a Venancio García, una casa que lleva ya cinco generaciones fabricándolos. Manuel García Osorio va camino de los 78 años y todavía los fabrica, pero ahora ya solamente para entretenerse y para atender a algún encargo. A veces se acerca a la fábrica de cuchillos para asesorar o para ayudar a su hijo José Luís, que es quien lleva ahora las riendas del negocio familiar, el relevo de la quinta generación de Venancio García; sin duda, los mejores cuchillos del mundo. Manuel García Osorio, hijo de Venancio García, empezó el oficio cuando cumplió los 14 años, ayudando a su padre. Después, se haría cargo del negocio familiar hasta el año 1964, que tuvo que marcharse para Alemania, donde permanecería durante 11 años, hasta 1975. El motivo de marcharse a Alemania fue la falta de potencia en el tendido eléctrico que llegaba a Taramundi. No podía dar rendimiento a la fábrica porque carecían de la corriente eléctrica necesaria para mover las máquinas. Fue así, viendo que no había perspectivas a corto plazo para lograr las mejoras en el tendido eléctrico, como Manuel se convierte en emigrante. Trabajó en varias empresas alemanas para ganarse la vida y ahorrar algún dinero. Así estuvo en los ferrocarriles y en una empresa de autobuses. A los 11 años de trabajar en Alemania, volvió a Taramundi para seguir con la fabricación de cuchillos. Como los problemas por la falta de potencia eléctrica seguían, se presentó en Oviedo y fue a ver al Presidente del Principado, por entonces Rafael Fernández. El presidente le escuchó y le prometió ocuparse del problema. Cuando el político visitó Taramundi y vio con sus propios ojos cuál era la situación, le dijo a Manuel García Osorio que la cosa no era como él se la había relatado, sino muchísimo peor. Y le prometió ocuparse de que se mejorara el suministro eléctrico. Y, aunque los políticos tienen la fama de no cumplir lo que prometen, en esta ocasión lo cumplió tal y como se lo prometió. De esta manera, un año más tarde, los vecinos de Taramundi podían instalar maquinaria en condiciones de producir comercialmente y en la cantidad necesaria. |
![]() Manuel García con su hijo José Luis junto a la madera de boj |
Manuel trabajó sin parar en la fábrica de cuchillos hasta que le llegó la hora de jubilarse. Ahora solamente hace lo que le apetece: un cuchillo de monte con empuñadura de cuerno de ciervo, un machete, una daga o un puñal. Así ayuda algo también a la exigua pensión que cobra. Los encargos le llegan de cualquier lugar de la geografía española o internacional. Precisamente en la foto que publicamos en este reportaje posa con un machete que le encargaron desde Inglaterra. Padre e hijo nos hablan de las cuatro condiciones que necesita cumplir un buen cuchillo. Lo primero es la calidad del acero de las láminas que reciben, la materia prima. Si la materia prima es mala, nunca se puede hacer un buen cuchillo. Lo segundo es el cuidado con el forjado. Si se calienta demasiado, se quema el carbono del acero y pierde calidad. Pero si se calienta poco, puede agrietarse la hoja. Después un buen templado, que puede ser al aceite o con agua, la cuarta y fundamental condición es el afilado final. Si el afilado final no es el adecuado, todo lo anterior no vale de nada. Manuel tiene que bajar muchos días a echar una mano en el afilado. Venden todo lo que producen y podían vender más si tuvieran personal. Hacen tres clases de cuchillos: el jamonero, el cebollero y el pequeño de pelar patatas. Son cuchillos especiales. Quien haya cortado un jamón con un cuchillo de Venancio García, ya no quiere otro. Y lo mismo ocurre con los demás modelos. Los mangos de los cuchillos se hacen con madera de boj, para lo cual se encuentran apiladas en el almacén una gran cantidad de ramas de este árbol. José Luís nos cuenta que entre él y su mujer pueden hacer al día como tres docenas de cuchillos jamoneros. Si se trata de los pequeños de pelar patatas, podrían fabricarse unas cinco o seis docenas diarias. Evidentemente, si tuvieran un par de ayudantes duplicarían o triplicarían la producción. |
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