Libertad de expresión para todos.
También para Federico Jiménez Losantos.

Defender la libertad de expresión solamente cuando nos conviene y para los personajes y las opiniones que nos parecen simpáticos es tan cómodo como hipócrita. Parece ser que Jiménez Losantos estaba destinado a ser en esta ocasión pasto de los buitres y fueron todos sin piedad a por él. Hombre, hay que reconocer que tener en contra la opinión de la Corona, meterse con los socialistas y a la vez con ciertas vacas sagradas del PP no podía salir gratis en una nación como España que siempre ha tendido a machacar la libertad de expresión cuando convenía y a llenarnos la boca en su defensa cuando nos parece.

Pues no es así. La verdad es que la condena contra Jiménez Losantos por injurias graves que le llevaría a pagar 36.000 Euros de multa vulnera todos los principios constitucionales y supone un peligroso ataque a la libertad de expresión. Nos puede caer mal o nos puede caer bien el personaje de la COPE, pero ahí está la cuestión. Se trata de aquella famosa frase que decía “No estoy de acuerdo en absoluto con lo que usted dice, pero lucharé junto a usted para que tenga el derecho de decirlo”. Eso es libertad de expresión, la verdadera libertad de expresión, defender el derecho a expresarse, también de los personajes con los que no comulgamos o con los que no compartimos ideas. Lo contrario es cómodo, cuando no inconstitucional. Defender la libertad de expresión de los que piensan igual que nosotros y dicen lo que queremos que digan o de los repiten las consignas del poder político es ridículo y bochornoso. Eso no es defender la libertad de expresión. Eso es defender la libertad de hacer la pelota; y esa libertad siempre existió. No hace falta luchar por ella.

La condena contra Jiménez Losantos, como dice Pedro J. Ramírez en su editorial de El Mundo establece un precedente muy disuasorio para todos los periodistas que se atrevan a criticar al poder político.

Deberían a estas horas, todos los periodistas, que no lo han hecho, estar defendiendo la libertad de Jiménez Losantos para expresarse y criticar al poder político, sea éste del PP o del PSOE. Hasta ahora todos pensábamos que las críticas al político, al poder de turno tenían que ser aceptadas y tomadas como algo natural, inherente al cargo, algo que va con el sueldo. Quien no quiera ser criticado por el pueblo, por los ciudadanos o por los periodistas no debe ejercer la actividad política. Así de claro.

El político, como la propia Esperanza Aguirre decía ayer, debe recurrir a los tribunales en última instancia, en situaciones muy graves, pero nunca para algo tan ridículamente absurdo como la denuncia contra Losantos por una cuestión, parece ser de semántica o de filosofía del lenguaje, por la interpretación de los puntos y comas de una frase que hasta el ABC había publicado : “ Gallardón invita a su partido a obviar el 11 M y huir de la radicalización”. Y si por este motivo Losantos criticó con dureza a Gallardón y le dirigió un par de calificativos, no fue más lejos de lo que van a diario políticos y tertulianos en todos los periódicos, programas de radio y de televisión. Es más, estamos convencidos de que si estas mismas críticas y mucho más fuertes hubieran salido de la boca de otro periodista, nadie habría movido un dedo contra él y, por supuesto, de haberlo hecho, ningún juez hubiera sentenciado de esta manera. Hace tres días, por poner un simple ejemplo, una periodista entrevistaba a Alfonso Guerra en una conocidísima emisora de radio y el político, con toda naturalidad, y sin que nadie se echara las manos a la cabeza, tampoco la periodista, llamó delincuente al primer ministro de una nación vecina, concretamente a Berlusconi y no creo que éste se haya querellado contra Guerra ni que se le pase por un solo segundo por la cabeza. Y sin embargo, la expresión de Guerra podía ser muy discutible por varios motivos. Por eso yo también estoy convencido de que la Audiencia Nacional, el Tribunal Constitucional o bien en último recurso el Tribunal de Estrasburgo anularán o invalidarán este fallo judicial, que ha sido, nunca mejor dicho, un “fallo” muy grave y que da mucho que pensar.

Es algo parecido a la retención o detención de más de trescientos camioneros en Benavente porque llevaban la caja vacía, para que no pudieran llegar hasta Madrid. Otro acto inconstitucional y muy peligroso para el sistema de libertades que no ha sido suficientemente criticado y que la mayoría de los medios de comunicación y periodistas, salvo raras excepciones, han tapado.

Por eso, estando o no de acuerdo con lo que Jiménez Losantos ha dicho o ha expresado, proclamamos su libertad y su derecho a decirlo, nos solidarizamos con él y le animamos a rechazar esta sentencia, a recurrirla y a ganar definitivamente en las altas instancias lo que las constituciones democráticas amparan en todo el mundo libre. Cuando se empieza a multar, a cerrar ediciones, se acabará por encarcelar a periodistas que defiendan la libertad de expresión. Y nosotros estamos en Europa. No podemos acercarnos cada día más a Marruecos . Y a la velocidad que vamos, si no pisamos el freno, llegaremos pronto.