Juego de
naipes
Pedro Gîthonîel |
Al principio era la baraja. Y la baraja tenía cuatro palos, cuarenta naipes en total, entre los que había reyes y caballos y sotas. También había números en riguroso orden del uno al siete. A las cartas les gustaba alinearse de principio a fin. Los reyes estaban muy contentos de tener cartas súbditas de menor valor. Los caballos y sus jinetes tenían, a su vez, otras cartas sobre las que galopar. Las sotas inventaban juegos de naipes en los que poder destacar. Esta acción se repetía con precisión milimétrica en todos los palos. Pero un buen día, un viento juguetón barajó todas las cartas de la baraja, de manera que caballos y reyes se mezclaron con doses y treses, y Bastos y Copas aparecieron junto a Oros y Espadas. Al principio nadie sabía cómo actuar, pero al poco se fueron reorganizando los naipes, pues comprendieron que las normas de numeración eran idénticas en todos los palos. Así, el As de Oros fue seguido por el Dos de Espadas, el Tres de Bastos y el Cuatro de Copas. Rápidamente un Cinco de Oros compró el corazón de ese nuevo palo. El Seis de Copas emborrachó a sus homólogos de Bastos, Espadas y Oros para permanecer en ese lugar. Y el Siete enseñó todas sus Espadas para quedarse junto a la Sota de Oros. Los puestos del Caballo y el Rey fueron tumbados a la fuerza por Espadas y Bastos, respectivamente. Vivieron todos en relativa calma durante una buena temporada. Mientras, la baraja se fue multiplicando, añadiendo ochos y nueves, hasta que otro día un viento azaroso confirió importancia a los ases, pasando a ocupar lugares más privilegiados aún que los mismos reyes. El primero en sublevarse fue el As de Espadas. Pronto su rebelión se extendió con idéntico rigor al resto de palos de la baraja. La revuelta pronto triunfó también en Francia, donde los naipes construyeron castillos y añadieron comodines que ayudaran a ascender por la escalera hasta el poder, quien desde entonces juega con un as en la manga y es incapaz de poner sus cartas sobre la mesa. A menos que algún jugador arriesgado pague para poder verlas. |