(Una parada de autobús).
X: ¿Estás de acuerdo?
Y: ¿En qué tengo que estar de acuerdo?
X: En todo.
Y: ¿En todo?
X: Sí, ¡en todo!
Y: En todo no.
X: ¿No?
Y: No. En todo no estoy de acuerdo.
X: Pero, ¿por qué?
Y: Es que uno nunca puede estar de acuerdo en todo.
X: Me desconciertas.
Y: No. No pretendo desconcertarte. Es la verdad. ¿Tú estás de acuerdo en todo?
X: ¿En todo?
Y: Sí. ¡En todo!
X: Creo que sí.
Y: ¿Sólo lo crees?
X: Bueno, pienso que sí.
Y: Es decir, no lo sabes.
X: Bueno, seguramente no.
Y: ¿No qué? ¿No estás de acuerdo en todo?
X: No. Lo que digo es que no lo sé todo.
Y: Ya. Pero saber todo y estar de acuerdo en todo son cosas diferentes.
X: ¿Tú crees?
Y: Lo sé.
X: Estoy de acuerdo.
Y: ¿En todo?
X: Sí. En todo lo que tú dices.
Y: Pero eso no es estar de acuerdo en todo.
X: Que bien que lo sepamos.
Y: Sí. Sócrates no llegó a saber eso.
X: Él sólo sabía que no sabía nada..
Y: Pero eso es como decir que lo sabía todo.
X: Porque realmente lo sabía.
Y: ¿Lo sabía todo?
X: ¿No estás de acuerdo?
Y: ¡Totalmente!
X: ¿En todo?
Y: ¿Sabes lo que pienso?
X: ¿Qué?
Y: Pienso que tú no estás de acuerdo.
X: Dices bien. Yo no estoy de acuerdo.
Y: ¿Dudas acaso de mí?
X: Dudo de todo.
Y: ¡Increíble!
X: ¿El qué?
Y: ¡Eres un filósofo!
X: ¿Por qué lo dices?
Y: Lo sé.
X: ¿Cómo lo sabes?
Y: Hazme caso. Lo sé.
X: Te hago caso.
Y: Entonces, ¿estás de acuerdo?
X: ¡En todo!
Y: ¿Ves? Lo que yo decía.
X: ¿Qué decías?
Y: ¡Que estás de acuerdo en todo!
X: Pienso que no.
Y: Sí, sí. Lo acabas de decir.
X: Pues… me equivoqué.
Y: Esto no nos lleva a ningún sitio.
X: No sabía que íbamos a algún sitio.
Y: Yo sólo espero el autobús.
X: Yo también.
Y: ¡Qué coincidencia!
X: Nos hemos puesto de acuerdo.
Y: ¡Totalmente!
X: ¡En todo!
|