Cudillero: El empecinamiento en una gestión devoradora
Enrique López
Hablar de Cudillero es hablar de un territorio privilegiado, con unos valores naturales (por desgracia residuales), patrimoniales y sobre todo paisajísticos envidiables: uno de los sectores de costa más espectaculares de toda la Cornisa Cantábrica, unas poblaciones de enorme interés urbanístico y arquitectónico y una zona interior y montañosa que conserva mucho de su autenticidad rural. También privilegiado si hablamos de su gente: abierta, acogedora y noble. La buena gente de Cudillero.

Cartel Turbera
Sin embargo, y desgraciadamente, no se puede hablar en los mismos términos de lo que pasa en Cudillero. Desde hace ya bastante tiempo, estamos asistiendo a una gestión municipal que se empeña en acabar con algunos de los elementos más valiosos, en todos los sentidos, de este admirable territorio, con la excusa de una desde luego mal entendida idea de progreso. Una gestión que, contra el más mínimo sentido común, hace el juego a los grandes intereses económicos del capital inmobiliario cuando, al calor de su innegable atractivo, pretenden hacer el negocio fácil, y ponen sus ojos en algunas de las zonas más emblemáticas y valiosas de Cudillero. Y lo hace además bordeando las leyes, cuando no infringiéndolas, y utilizando todas las artimañas posibles para conseguir su propósito, desde la “venta” a la opinión pública de esos proyectos como la panacea contra la despoblación y el desempleo, hasta la bajeza de recurrir a la amenaza, la presión y la difamación sobre aquellos que manifiestan la más leve opinión en contra.
No parece necesario insistir mucho en la falacia que es asimilar construcción masiva de segundas residencias –que es lo que se construye– al desarrollo económico o a la creación de puestos de trabajo. El carácter efímero de estos “visibles” aspectos es evidente, y supone pagar el altísimo precio de destruir aquello que hacía atractiva la zona afectada e insistir en el despoblamiento y envejecimiento. Ahí están los datos para contrastarlo, datos que dicen, por ejemplo, que Cudillero continúa perdiendo población de forma significativa, pasando de 5992 habitantes en 2003 a 5932 en 2006 (datos del Nomenclátor, 2006), lo que supone más de un 1 % en tres años, mientras que el parque de viviendas crece continuamente, alcanzando en ese último años las 4299 (casi una por habitante), de las cuales casi la mitad (1943), son “no principales” es decir, están cerradas once meses al año. ¿Es ese el modelo a seguir, un territorio anegado por un sinfín de edificaciones cerradas mientras que la población propia del concejo disminuye y envejece?
Parece que para el Ayuntamiento si. Y lo parece porque las Normas Subsidiarias de Cudillero están diseñadas para albergar un número mucho mayor aún de segundas residencias, al delimitar unos núcleos rurales (el área que delimita a un pueblo, en la que es posible edificar legalmente con poco terreno) desproporcionadamente grandes, muy por encima de lo que sería razonable incluso en las previsiones más optimistas de desarrollo “natural” de los mismos. Casi la totalidad de los terrenos llanos de la rasa litoral, desde Ballota a Lamuño, y también Villademar y La Atalaya, están considerados como parte de núcleo rural, encontrándonos, y con mucho, con los núcleos rurales más extensos de toda Asturias (de los 20 mayores 12 se encuentran en Cudillero), lo que augura un futuro de densísima ocupación de viviendas en el aún no declarado Paisaje Protegido de la Costa Occidental. ¿Va a aumentar en igual medida la población residente de estas localidades? ¿Van a ser los servicios necesarios para tal volumen edificatorio acordes con su dimensión?


Cementera

No contento con esto, el Ayuntamiento propone a la CUOTA (Comisión de Urbanismo y Ordenación de Territorio de Asturias) varios expedientes de recalificación de terrenos no urbanizables para que sean incluidos en los ya desproporcionados núcleos rurales (varios casos en Novellana, Villademar, Ballota, Salamir, Albuerne…), incluso en algunos casos suponiendo aumentos en dirección al mar, lo cual está expresamente prohibido por la legislación de costas. Cuando la CUOTA se lo deniega (y eso que no se caracteriza por ser en exceso estricta) el Ayuntamiento se mete en costosos recursos contencioso-administrativos pagados, es de suponer, con dinero público. ¿Qué interés hay en defender tan vehementemente intereses particulares?

En este contexto se sitúa el reciente y bastante conocido asunto que afecta al Monumento Natural de la Turbera de Las Dueñas. Todo arranca con el convenio urbanístico firmado entre el Ayuntamiento y la inmobiliaria ANJOCA, a instancias de ésta, que incluía un proyecto residencial llamado “Cudillero Ciudad-Jardín”, que afectaba a más 312.000 m2 de rasa litoral a la izquierda de la carretera al puerto de Cudillero, y a otros 122.000 m2 a su derecha y que consistía en 840 viviendas, todas libres, de las cuales 600 estaban dispuestas en bloques de nada menos que cuatro alturas y el resto eran unifamilares y adosadas. El convenio incluía también una permuta de terrenos, consistente en que la empresa cedería al consistorio 135.000 m2 incluidos en la zona de exclusión de 500 m. inmediatos a la costa, en la que el POLA impide construir (por lo tanto carente de valor para la empresa), y el Ayuntamiento a cambio cedería a la empresa 25.000 m2 que tiene dentro del núcleo rural de Villademar (y por lo tanto edificable) en los que se asienta el actual campo de fútbol. El Ayuntamiento construiría un nuevo campo de fútbol, así como otras instalaciones deportivas y un aparcamiento ¡dentro de la zona de 500 metros que protege el POLA! Sometido a información pública, y tras las preceptivas alegaciones que diversos colectivos y particulares presentaron, incluido SOS CUIDEIRU, (y respondidas con cuatro líneas por el Ayuntamiento) fue elevado a las instancias del Principado. Finalmente la CAMA (Comisión de Asuntos Medioambientales de Asturias) rechazó el proyecto en diciembre de 2006, salvo las edificaciones de baja altura situadas al margen derecho de la carretera. Esta denegación de “inviable medioambientalmente” se justificó por las gravísimas afecciones que el citado proyecto ejercería tanto sobre el Monumento Natural de la Turbera de las Dueñas, como en el paisaje de la costa, la cual está dentro del Paisaje Protegido del Occidente de Asturias y además es zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves).


Campo de Fútbol

Bloque "El Pito"

Convendría recordar la importancia que tiene la Turbera de Las Dueñas. Se trata de una superficie de 26 Has. que posee una flora y fauna de alto valor ecológico, y constituye un ecosistema muy raro en la franja litoral, de carácter único en la Cornisa Cantábrica. Al ser un medio húmedo, la aportación y circulación de las aguas a través de ella debe estar suficientemente garantizado para que no desaparezca. Tiene la catalogación de Monumento Natural y LIC (Lugar de Importancia Comunitaria)
Apenas un año después, y sin vergüenza ninguna, el Ayuntamiento ha vuelto a la carga. Ahora, con la justificación de que “los aficionados al club de fútbol” y “otros vecinos” solicitan la ampliación de las instalaciones deportivas, propone un nuevo plan, en el que se rebajaría a 300 viviendas, pegadas a la turbera, y en la zona de exclusión de costas permutada construiría nada menos que otro campo de fútbol, una piscina climatizada y un pabellón polideportivo. Insisto, en una zona EN LA QUE NO SE PUEDE EDIFICAR. Quizá el alcalde debería explicar qué tipo de compromisos (¿difícilmente confesa-bles?) tiene con la aludida empresa, y porqué no busca una ubicación adecuada para esas nuevas instalaciones las cuales, por otra parte, pueden ser efectivamente necesarias. ¿Por qué no emplea el terreno que ya tiene en Villademar? ¿Acaso porque cree que es “una pena” emplearlas en servicios que son necesarios, cuando pueden valer una pasta cayendo en manos de ávidos constructores? Si no hay terreno suficiente ¿Por qué no se busca otra localización?
No es el primer asunto polémico de gran enver-gadura. Basta con recordar las irregularidades denunciadas en el polígono de Valdredo y el bloque de viviendas de El Pito, o la polémica intervención municipal en el asunto del Campo de Golf (más urbanización de lujo) de Oviñana. Ahora dará comienzo una campaña a favor del “progreso” y “el acceso a la vivienda” (aunque lo promovido no sean viviendas protegidas), debidamente transmitida por una amplia red clientelar concienzudamente establecida y recabará de las asociaciones vecinales, sometiéndolas a presión, su apoyo por escrito. También comenzarán las oportunas alusiones a “esos” egoístas que se oponen a todo y “tienen intereses.”

ENRIQUE LÓPEZ DE TURISO SÁNCHEZ
(SOS CUIDEIRU)
www.soscuideiru.com