De nuevo llegan las elecciones y un sentimiento de hastío se apodera de la mayoría de nosotros. Porque sabemos que vuelven las broncas electorales, los insultos, el bombardeo propagandístico y mitinero, las promesas que se hinchan como las plumas del pavo real llamando la atención del votante indeciso. La política se podría vender en los kioscos como los fascículos que temporada tras temporada lanzan las editoriales para vendernos lo mismo disfrazado con cubiertas nuevas y que, en la mayor parte de los casos no nos sirven para nada, pero nos hacen creer que tenemos que comprarlos para aprender inglés, montar un barco o coleccionar muñecas de porcelana. Los políticos también nos aturullan cambiando su apariencia con fotos nuevas en las vallas e ideas aparentemente diferentes, revolucionarias y mucho mejores que las del oponente. Pero son los mismos canes con otros collares. Eso sí, se ladran estudiadamente, se lanzan vídeos resumen mutuamente, se estudian la altura para ver si en el debate el otro va a parecer más alto o más guapo.
Si preguntas a los jóvenes qué piensan
de la política te darán respuestas muy curiosas: pasan de política, odian la política o, simplemente, no la entienden. Lo que tienen muy claro a sus 15 años –por ejemplo– es que hay mucha mentira en la política, mucha bronca y demasiada promesa incumplida. Luego tenemos a los jóvenes que militan en las juventudes respectivas: los menos. Su juventud, puede llevarles a la ceguera de lo demás puesto que cuando uno es joven lo vive todo de forma más acentuada, el joven en política todavía cree en las potencialidades del partido. Y más allá, tenemos a la juventud
radical que piensa que se es más concienciado insultando al político o política que va a pronunciar una conferencia y pasa a la agresión violenta.
La pobre Educación para la ciudadanía viene –supuestamente- a arreglar todo este desaguisado. Una hora a la semana en un curso de primaria y otro de secundaria no puede hacer este tipo de milagros. Por eso los unos sólo hacen un lavado de cara. Y los otros, cargan a la asignatura con todo tipo de maldades y manipulaciones.
Vamos a cumplir 30 años de democracia este año. Viendo todo este panorama, ¡cuánto nos queda para empezar a tener una democracia madura! Vivimos todavía en una democracia adolescente, una democracia de kiosco. |