LAS TIENDAS DE ANTES, RELIQUIAS DEL PASADO QUE NO PODEMOS PERMITIR QUE DESAPAREZCAN
En Casa Vicente de Taramundi, fundada hace casi dos siglos, se puede encontrar cualquier mercancía que se necesite

María del Carmen Santamarina despachando a una clienta

Estas son las tiendas de antes, aquellos comercios donde se iba a comprar una aguja, un par de sábanas, un kilo de plátanos, un par de zapatillas, una cuerda o tres tornillos. Hay de todo, fruta, vino, quesos, miel, unas cabezadas para el caballo o una caja para la colmena de abejas, muebles, cuchillos y navajas de Taramundi y hasta una funeraria en la trastienda.

Casa Vicente ha sobrevivido en el tiempo y tiene aspiraciones de futuro. Se ha resistido a ser engullida por las grandes superficies y por la venta ambulante, una epidemia grave para los comercios de pueblo que se ven en grandes dificultades para poder competir con los bajos precios de las gigantescas superficies comerciales que desde los últimos veinte años proliferan por casi todos los rincones de Asturias y de la vecina Galicia. Tiendas de antes que a veces son como la farmacia de guardia para el ama de casa que de repente necesita un kilo de sal o un paquete de arroz que olvidó comprar en el supermercado. Pero todavía quedan clientes fieles que se resisten a salir de los pueblos y prefieren comprar en la tienda del pueblo, donde, según nos demuestra la propietaria, no se gasta necesariamente más dinero que en una gran superficie, a la que entras para comprar dos kilos de azúcar y sales con un carro de cosas que posiblemente no necesitabas y te has gastado sin darte cuenta 200 Euros. En casa Vicente no corres ese riesgo. La clienta o el cliente llegan con su nota y piden el producto o los productos que venían a buscar, y en lugar de 200 Euros, como muy bien nos explica la propietaria, Mª del Carmen Santamarina Murias, te gastas solamente 20 Euros, por poner un simple ejemplo.

Casa Vicente fue fundada a finales del siglo XIX por el abuelo de la actual propietaria, Manuel Murias Castrillón, en la casa de su suegro, que se llamaba precisamente Vicente Turviso Méndez, que de ahí viene el nombre actual.

Mª del Carmen Santamarina heredó el negocio de su padre Modesto Santamarina Cotarelo y lleva el negocio junto a su marido Antonio Fernández Lodos, aunque ya se ha incorporado al trabajo en la tienda la cuarta generación, es decir, la hija de ambos, Cristina Fernández Santamarina, una mujer joven que tiene pensado mantener vivo el futuro de esta centenaria tienda familiar.

Los problemas a los que aluden los propietarios son los mismos que afectan a todas estas pocas tiendas que se resisten a cerrar sus puertas en Asturias: la venta ambulante, las grandes superficies, los supermercados, con los que es tan difícil competir.

Estando a 25 minutos de viaje a Ribadeo y no muy lejos de Navia es muy normal que se hayan perdido clientes, que muchas personas se desplacen para comprar a bajos precios atraídos por las ofertas gancho.


María del Carmen Santamarina

Pero no es oro todo lo que reluce, nos cuenta María del Carmen Santamarina:

- Hay personas que en lugar de comprar aquí las cuatro cosas que necesitan, que a lo mejor les iban a costar 18 Euros, se van a Ribadeo o a Navia a una gran superficie, cogen el carro y empiezan a llenar y a llenar, pero cuando pasan por caja dejan allí 250 Euros. Aquí habrían gastado 18 Euros solamente, porque aquí se compra normalmente sólo lo que a uno le hace falta. Eso sin contar con el gasto de gasolina y el tiempo que echan.

- ¿Cómo logran ustedes subsistir con esa feroz competencia?
- No es sólo la competencia de las grandes superficies. Es que dos veces por semana o más te llega la venta ambulante, con frutas, carnes y toda clase de productos frescos y congelados. Vamos subsistiendo porque vendemos mucho al turismo de los fines de semana y de vacaciones, porque vendemos quesos, miel, cuchillos y navajas de Taramundi y muchos productos típicos de la zona. Hay gente también que desea seguir comprando en la tienda del pueblo.

- La cantidad de población también va bajando.
- Claro, hace once años iban a la escuela 60 niños y ahora van unos 37. Eso lo dice todo. Nos salva mucho la afluencia de turistas los fines de semana y durante los puentes y vacaciones.

- El futuro, ante la bajada de población, ¿cómo lo ven?
- Creo que vamos a depender mucho del turista que se acerca a estas tierras y quiere comprar cosas de aquí, productos típicos y de paso otras cosas. Además, nosotros tenemos una mueblería y llevamos los servicios de una funeraria para esta zona del occidente de Asturias. También llevamos ferretería y fontanería. Hay que hacer muchas cosas para salir adelante. Mi marido, yo y mi hija lo hacemos todo.

- Curioso que no tengan bar en la tienda.
- Lo tuvimos. Todavía conservamos la barra, pero ya hay bares bastantes en la localidad y además tomaba mucho sitio. Ahora, la parte del bar es también tienda o estanterías.

- ¿Cómo responde la gente del pueblo ante un comercio como éste?
-
Hay de todo. Unos siguen comprando todo aquí. Otros van fuera a las grandes superficies…pero todos acaban necesitando venir aquí, a veces como si fuéramos la farmacia de guardia para la cocina, porque de repente se da cuenta alguien de que olvidó comprar el vinagre en el gran supermercado de Ribadeo y vienen corriendo a buscarlo. Todavía tenemos clientes que vienen a comprar con la libreta. Se apunta todo lo que llevan y pagan a fin de mes.

- Como si fuera una tarjeta de crédito… ¿Compran más con libreta que cuando pagan en metálico?
- Sí, claro, es una manera de comprar sin dinero. Antes de que existieran las tarjetas de crédito se usaban las libretas. La gente compra más cuando compra con la libreta que con dinero en metálico. Es verdad.

Ahí queda Casa Vicente de Taramundi. Una tienda de antes con posibilidades de seguir subsistiendo gracias a la afluencia del turismo y gracias al esfuerzo y a la profesionalidad de sus gerentes. Todos los servicios en uno. Es difícil no encontrar lo que se busca en este lugar y muy fácil hallar cualquier cosa que no hay en los lugares habituales. Negocios del siglo XIX que deben sobrevivir durante el siglo XXI. Un reto que solamente se puede afrontar con mucha ilusión, con mucha profesionalidad y con muchas ganas de trabajar, como ocurre con la familia Santamaría Fernández en Casa Vicente de Taramundi.


En Casa Vicente hay de todo