La libertad de expresión
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| En mis tiempos de Universidad, el liberalismo estaba acosado. Tanto el franquismo como el socialismo, en su versión totalitaria o en la democrática (que por aquel entonces”estaba de vacaciones”), eran y siguen siendo por esencia y definición antiliberales. De manera que hoy las cosas han cambiado poco. Los franquistas se han hecho socialistas y los socialistas se han cubierto con la piel de cordero del liberalismo más o menos formal, por lo que en este aspecto, estamos en las mismas. | |
| Pese a que la palabra “liberal” es española (la empleaban nuestros clásicos en un sentido de generosidad, de altura de miras) ,los españoles han sido muy poco liberales a lo largo de su historia,y la mayoría de los que decían serlo no pasaban de ser revolucionarios vergonzantes y encubiertos o conservadores con alguna sutileza. Paradójicamente,la palabra “liberal” se ha extendido a todas las lenguas, en tantos que nuestras pésimas maneras políticas perduran en las antiguas colonias americanas,donde,como resume un personaje interpretado en una película por Federico Luppi,en lugar de alternancia de partidos la alternancia en el poder es mucho más indeseable y siniestra: vienen los “milicos” y matan a doscientos; vuelve la democracia y no cierran las cuentas. Entre la violencia y la corrupción discurre la democracia entendida al “hispánico modo”.- La llamada “sociedad del bienestar” no es precisa-mente caldo de cultivo para las libertades, aunque pudiera parecer de otro modo. En lugar de ser celoso de sus libertades, que le con-dujeron al bienestar, ”el pueblo soberano” prefiere el bienestar a la libertad: esto es,vende la libertad por un plato de lentejas. Esta actitud no es exclusiva de quienes en la actualidad votan a Zapatero: ya fue denunciada por Benjamín Constant en 1.819. Así tenemos que soportar la publicidad atosigante y estomagante, emitida por un fantasmal “Gobierno de España”, que nos dice machaconamente que seamos buenos, que nos demos diez razones para llevar el cinturón de seguridad (la única,a mi juicio la actitud vigilante de la guardia civil), que antes que fumar un cigarrillo se coma una manzana… A los jóvenes se les da a la fuerza la “Educación del Ciudadano”, y a los adultos, la “Publicidad educativa”. Se ha abolido el “cinturón de castidad”, pero se nos ata con el “cinturón de seguridad”: el caso es que haya cinturones. El primer síntoma grave de pérdida de libertad es la intromisión del Estado en el ámbito privado.Si dependiera del Estado intervencionista, no sólo conduciría por nosotros, sino pensaría por nosotros: esto es, nos prohibiría pensar por nosotros mismos. En este contexto, sombrío aunque no lo parezca,la libertad de expresión es imprescindible, aunque no se le conceda importancia. Porque, como escribió Dürremmatt hace medio siglo, hay que seguir luchando por las cosas evidentes. |
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