La XV Langosta de Oro para José María Feito de Talleres Gónfer en Coaña
Cada año el grupo hostelero Pepe Santiago distingue con el galardón Langosta de Oro a los hombres y mujeres del ámbito empresarial del Occidente asturiano. En esta ocasión el galardonado ha sido José María Feito, el empresario que ha llevado durante años con gran éxito el timón de la empresa Talleres Gónfer, especializada en el mantenimiento y reparación de maquinaria pesada y camiones, al tiempo que llevan el servicio de Nissan y de IVECO. Fue el alcalde de Coaña, Salvador Méndez, quien presentó al jurado la propuesta de este nombramiento, que visto por el jurado y teniendo en cuenta el tesón y la valía humana y empresarial del candidato, salió adelante, sin ningún tipo de oposición, como no podía ser de otra manera.

José María Feito, propietario de Talleres Gonfer

Pepe Feito, como le llaman los amigos, nació en el año 1935, concretamente el 14 de junio, en el pueblo de Armental y se crió en Trelles. Nos recibe en su despacho sentado en su silla de ruedas, consecuencia de un grave accidente de tráfico que sufrió hace unos años, un desgraciado percance que no fue capaz de quitarle las ganas de trabajar y luchar por la empresa.

Pepe nos cuenta que apenas fue a la escuela y que a los diez años de edad empezó a trabajar en una casa de campo de Trelles por la comida. A las catorce años de edad se metió en el mundo de la mecánica y comenzó como aprendiz. Así trabajó en el taller Gónfer, que por entonces estaba ubicado por la zona donde ahora están los astilleros. Ni siquiera se podía imaginar por aquella época que un día él iba a ser el dueño de la empresa. De Gónfer pasó a lo talleres Mártínez, siendo todavía un chaval, pero con el oficio prácticamente aprendido. Allí permaneció hasta la hora de marchar al servicio militar obligatorio, la famosa mili. Después de la mili trabajaría en el salto de agua de Miranda, de mecánico de má-quinas; y desde allí se trasladaría a Valen-cia, donde permaneció durante doce años trabajando como mecánico.

Al regresar a Asturias compró a los dueños fundadores el antiguo taller Gónfer que estaba en el muelle de Navia. Corría por entonces el año 1972 y estuvieron en aquellos locales hasta 1980, que fue cuando se decidieron a comprar los terrenos de Jarrio, y trasladar la actividad a donde ac-tualmente está el nuevo taller Gónfer. Su hermano y él llevaban como socios las riendas del negocio, hasta que de nuevo la desgracia de la carretera se cebó en la familia, pues su hermano perdería la vida en un trágico accidente de tráfico. Así fue como Pepe se tuvo que hacer cargo de la empresa en solitario, tras haber perdido al socio y al hermano al mismo tiempo.

Actualmente trabajan 15 operarios en los talleres Gónfer. Sus dos hijas Ana María y Eugenia Margarita se encargan de la contabilidad y del servicio de repuestos.

¿Qué tal van las cosas?
Bien, pero se nota últimamente la crisis económica. Yo no entiendo de política, pero alguien tendrá la culpa. Es cierto que cuando hay crisis entran muchos menos coches en el taller. La gente espera hasta el último momento y es reticente a gastar.

Usted empezó muy joven a trabajar…
Sí, con diez años ya me ganaba la vida y con 14 empeçé el oficio de mecánico aprendiendo en los talleres como aprendiz, barriendo el taller, cambiando ruedas , pastillas de frenos… y así poco a poco, que es la única manera de convertirse en un buen mecánico, manchando las manos de grasa desde el primer día. Yo también soy de los que piensan que la mejor manera de aprender el oficio es de aprendiz, en el taller. De los colegios nunca puede salir un buen mecánico ni un chapista.

Recuerdo que hace tres años, cuando le dieron la Langosta de Oro a Higinio García, otro colega suyo, dijo en medio de su discurso que echaba de menos el sistema alemán de aprendizaje en el taller, aquellos aprendices de antes…
Precisamente le tengo gran aprecio a Higinio y me llevo muy bien con él. Fue un gran profesional y un buen empresario. Yo también creo que deberíamos tener un sistema de formación de mecánicos más eficaz, más práctico y más productivo para todos. Hoy en día nos vemos negros para encontrar un mecánico o un chapista que esté en condiciones de trabajar en un taller. Estudian de todo pero no aprenden el oficio. Llegan aquí con diplomas pero desconocen el trabajo práctico. Yo creo que si a un muchacho no le gustan los libros, cuando tiene ya una formación mínima habría que dejarlo que aprendiera el oficio en un taller, como antes aquí o como hacen en otros países desde hace muchos años, con gran éxito. Hay que hacer algo para lo-grar una formación profesional eficaz. Lo que hay ahora tampoco nos vale porque está mal enfocado. El resultado es que no encon-tramos gente preparada para los talleres.

Quizá un sistema mixto de aprendizaje, escuela y taller
Sí, hombre, que fueran a clase por las tardes, las horas que fueran necesarias para los co-nocimientos teóricos y el resto del tiempo trabajaran en el taller. La formación tiene que ser más práctica y menos teórica. Mas herramientas y menos libros. A los chavales que no quieren estudiar hay que darles oficio, enseñarles a trabajar y no obligarles a tragar libros a la fuerza. Eso sólo produce vagos.

Usted no ha parado desde los diez años…
La verdad es que tuve que abrirme paso a pulso. Ya le dije que casi no fui a la escuela. Aprendí en los talleres, trabajando y viendo trabajar. En Valencia fui a la escuela nocturna desde que salía de los talleres y me apunté a un curso acelerado de maestría. Lo saqué bien. Y eso que no había hecho ni la enseñanza primaria. No todos podemos ni debemos ser licenciados. También tiene que haber trabajadores. Eso sí, con una cultura mínima, pero a trabajar se aprende trabajando en el taller. No hay otro camino.